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DEVENIR PLASTICO

Javier Chinchilla Nieto
Maestro en Artes Plásticas Universidad del Cauca

 

El conocimiento no es cuestión de edad, es de quien lo busca. Idolatrarlo es locura.

En el infinito acontecer del universo, surge el orden misterioso que el hombre cuestiona con esa facultad de desarrollar lo humano que posee. A cada quien se le delega su responsabilidad quiéralo o no. La naturaleza no espera. Tonto aquel que corre tras el viento, dice la Biblia. Pues que verdad, así es el necio que evita su razón. El ser de mi razón se aborda visceralmente desde la sensibilidad, mecanismo defensivo que cohabita y combate silenciosamente la abominable y condenable enajenación social; estupidez tan evidente que preconcibe una sociedad institucionalizada, guillotina de las masas, alimentada por su mórbida ignorancia.

La historia de la humanidad es la vieja evidencia de los acontecimientos de la civilización. La naturaleza del hombre connota esa intuitiva inteligencia de lo armónico.

Me molesta, cuando se refieren en cada momento para designar esto o lo otro, con esa tonta palabra de lo bello; esteticismo institucionalizado en la fonética recitada de los críticos.

Despojémonos de tantos formalismos pre juiciosos que adormecen la razón, produciendo larvas amnésicas, obstáculo para una evolución. No le teman a los cambios, seamos como fieras y devoremos nuestros caducos cánones esteticistas de la mal formada conciencia de la plástica. La naturaleza ya hizo y sigue haciendo lo suyo no la copiemos más; no somos la mano invisible, somos lo visible de la mano. Adiestrémonos a través de la observación. Pues es la escuela que te da la libertad y los instrumentos de divorciarte de esa enfermiza visión figurada en la historia de la expresión. Busquemos nuestra propia caverna y aproximémonos a nuestra propia pradera. No nos perdamos en la urbe imaginaria de la forma; pues ella es prescindible como proceso de formación, más no le den toda la razón. Para nuevos tiempos nuevas palabras, imágenes y actos.

Es de imaginarnos, la acción admirable y valerosa del sapiens, al fabricar sus medios de sobre vivencia, defensas y recursos en el gesto de su vivir. A tal punto de graficar e ilustrar todo un grafismo social para su identidad universal al grado de escribir y pronunciar en estadios más maduros de su desarrollo intelectual el signo lítico. Convirtiéndose en el devenir en el hombre actual. ¿A caso nos molesta que ese hombre primitivo dejase de vivir en cavernas, para transformar su imaginario de hábitat a toda una serie de construcciones líticas hasta las más modernas edificaciones de hoy?

Buscar temas, conceptos e identidad donde no la vivimos, es una tontería. Problema que quieren ahora imponer. Porque en una cultura donde un gran porcentaje somos el resultado hibrido de las razas hay mucho por donde escoger. ¿Cómo entonces pretenden que lo aborigen, es lo que hay que abordar? somos una mezcla batida en el crisol de nuestra tierra y por lo tanto de todos lados y orígenes tenemos. Hay que respetar y mantener lo que somos, mestizos del milenio. Una cosa es que abordemos como ejemplo la vida y cosmovisión de nuestros ancestros y otra una falsa imitación.

Permítame apreciado lector sugerirle que corrijas los siguientes errores y horrores de esa confusa semántica de lo que nos dicen que somos:

Indio es el nativo de al india, no de nuestro continente.
Colon fue un aventurero del océano. Se equivoco en el océano del tiempo. El no fue el descubridor de estas tierras. Fueron nuestros nativos y después husmearon otros pueblos del lejano oriente.
A San Agustín lo aprecio. Fue un excelente filósofo. Pero su nombre nada tiene en relación con los aborígenes del macizo colombiano.
El verdugo no dejo de existir, hoy es mestizo.

Es innumerable la cantidad de ejemplos que les podría exponer en todo lo dicho. Abordo y apunto hacia los acontecimientos propios y ajenos para reivindicar la capacidad del tan fundamental asombro; fuente de investigación para dar respuesta a esta confusa y mal guiada conciencia de lo que debe aportar los campos investigativos de la plástica.

A un verdadero artista no se le manipula. Ni por galerías, museos, salones de arte, críticos y toda esa gamita sofista acuarelable circense, que creen poseer la verdad. Apadrinados por los intereses de los artistas que se embadurnan de la adulación de estos modernos escribanos. Que cosa tan asfixiante cuando preguntan que explique lo que uno ha pintado, esculpido, instalado, etc. Mi respuesta es que no busquen formas ni adivinen, solamente déjense tocar y sensibilizar un poco frente a lo que se les presenta. La obra se realiza es para confrontar, denunciar ¿y porque no solucionar? Hay que dejarse guiar por esa primitiva intuición connotada en la obra y su autor. Pues ello es el testimonio del acontecer dinámico del más filantrópico de los sentimientos.

Una de las funciones de la teoría del arte es la de educar y establecer un dialogo entre el interlocutor y la obra. Convirtiéndose dicho dialogo en vehículo transitorio que dirige la sensibilidad sígnica de los grafismos interpretados y utilizados a partir de uno o más conceptos de expresión. De esta manera comienza el intérprete a oxigenar poco a poco los conceptos que componen el lenguaje de un artista. Para finalmente tener criterios valorativos en la comprensión de una expresión. Absurdo es apreciar sin comprender, pues es sano y necesario convertirse en un estudioso del signo.

Hay quienes dicen que la obra sola habla. Quizás sea a sí.
Pero si la obra no dice nada, el autor está en la obligación de investigar y no matricularse en la senda extremista del empirismo; estado sano en potencia de evolución y como proceso formativo ayuda la definición del iniciado. El peligro que se corre en este estado es de sucumbir en una anarquía sin cimientos y sometido a su criterio anárquico individualista.

Con el ánimo de aportar y tomar mi posición frente a lo que acontece hoy en la plástica. Propongo un sano devenir en el pensamiento de los humanistas modernos en relación a la naturaleza.

Me considero un artista visceral. Cuestionado por los acontecimientos de la plástica actual. Es preocupante que no se tenga en cuenta el asombro. Hoy observo y analizo que una gran mayoría de hacedores del oficio plástico se preocupan más por el arte final que por el contenido de la obra. Parece que estuvieran en la pasarela de la moda: “que hay afuera para deslumbrarles adentro”. No siento sinceridad en sus propuestas.

La diversidad de conceptos hoy por hoy nos ilustran otros caminos más nutritivos, que aceleran la reflexión de lo que pasó y de lo que está pasando en el arte moderno. Que oxigenante y grato es recibir la connotación de una excelente instalación, un performance y porque no, una pintura. Pues esta tiene todos los atributos anteriores. Como género, no la hay que reevaluar, no se le puede exigir al sentir, que debe hacer ésto o lo otro. Es un falso problema decir, qué debe el artista hacer, la cuestión es, que sientes.

En mi obra ilustro el acontecer de nuestro tiempo histórico y plástico, liberándome en lo posible de la enmarañada estructura social. La homeóstasis en mi devenir plástico es la exaltación de un sin numero de reflexiones del existir, en este plano terrenal y espiritual. Como individuo y artista observo la dualidad, la que conlleva a la incertidumbre, problema del yo pienso. La accidentalidad confirma ese estado azaroso de la indecisión, cómplice de mis grafismos estéticos, sustractivos del alto contraste del pigmento industrial, quien se enfrenta en el escenario del lugar de los acontecimientos, a la lamina de acero ilustrativas del asombro; espejos calidoscópicos de una realidad que no hace mucho por el equilibrio universal, grafismo expuesto en el ícono humano.

Los invito a que observen mi sano proceso divorciante, ilustrado en el ejercitar figura y abstracción.

Portada del libro Devenir Plástico

 






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